“¿Perdonará Dios que me sienta así?” Relacionarse con los testigos de Jehová ha ayudado a muchas personas a superar los pensamientos suicidas. No obstante, nadie tiene el antídoto perfecto contra la tensión nerviosa o la depresión. Los cristianos que han pensado en poner fin a su vida suelen sentirse muy culpables por ello, lo cual no hace sino agravar la carga que soportan. Ahora bien, ¿cómo combatir tales estados afectivos?
Es digno de mención que ciertos fieles de tiempos bíblicos se expresaron con profundo pesimismo sobre su existencia. Rebeca, la esposa del patriarca Isaac, se angustió tanto por un problema familiar, que comentó: “He llegado a aborrecer esta vida mía” (Génesis 27:46). Job, quien perdió a sus hijos, la salud, la riqueza y la posición social, afirmó: “Mi alma ciertamente siente asco para con mi vida” (Job 10:1). Moisés le pidió a Dios: “Por favor, mátame y acábame del todo” (Números 11:15). Elías, profeta de Dios, dijo en cierta ocasión: “¡Basta! Ahora, oh Jehová, quítame el alma” (1 Reyes 19:4). Y el profeta Jonás repitió una y otra vez: “Mejor es mi morir que mi estar vivo” (Jonás 4:8).
¿Los condenó Jehová por sentirse así? No. Incluso conservó sus comentarios en la Biblia. Sin embargo, debemos notar que ninguno permitió que sus sentimientos lo condujeran al suicidio. Jehová los valoraba y deseaba que vivieran. De hecho, hasta la vida de los malvados le importa a Dios, pues los exhorta a que cambien su proceder para ‘realmente seguir viviendo’ (Ezequiel 33:11). ¡Cuánto más desea que nosotros, los que buscamos su favor, sigamos viviendo!
Dios nos ha suministrado el sacrificio de su Hijo, la congregación cristiana, la Biblia y el privilegio de la oración, un conducto de comunicación con Él que nunca está ocupado. El Creador escuchará a todo el que lo busque con corazón humilde y sincero. “Acerquémonos, por lo tanto, con franqueza de expresión al trono de la bondad inmerecida, para que obtengamos misericordia y hallemos bondad inmerecida para ayuda al tiempo apropiado.” (Hebreos 4:16.) |