Consejos para las familias
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Una adolescente llamada Alicia* dice: “A veces me surgen preguntas sobre el sexo, pero no me atrevo a hacérselas a mis padres para que no piensen mal”.
Su madre, Inés, admite: “Me gustaría sentarme con mi hija y hablarle de las relaciones sexuales, pero nunca encuentro el momento. Siempre está ocupada con sus cosas”.
EL SEXO ha dejado de ser un tema tabú en muchos lugares. Aparece en la televisión, en el cine, en las revistas e incluso en los carteles publicitarios. Parece que el único ámbito en el que sigue siendo intocable es entre padres e hijos. “Ojalá los padres supieran la vergüenza que nos da hablar de sexo con ellos —dice Michael, un adolescente canadiense—. Es mucho más fácil preguntarle a un amigo.”
Curiosamente, a los padres también les incomoda hablar de este asunto con los hijos. Debra W. Haffner, educadora sexual y autora de un libro sobre el tema, dice: “Muchos padres reconocen que, llegado el momento, lo único que hicieron fue dejar un libro sobre la sexualidad y la pubertad en la habitación de su hijo” (Beyond the Big Talk). Según esta profesional, el mensaje que los padres le están dando es muy claro: “Queremos que sepas de sexo y de cómo va a cambiar tu cuerpo, pero no queremos ser nosotros quienes te hablen de ello”.
Pero los padres responsables saben que no pueden eludir este tipo de conversaciones. Hay tres razones principales para ello:
Dios ha encomendado a los padres el cuidado de los hijos, y esto incluye educarlos en cuestiones sexuales (Efesios 6:4). Es cierto que hablar del tema puede abochornar tanto a padres como a hijos. Pero Daniela, de 14 años, da una buena razón para hacerlo: “Los hijos preferimos que sean nuestros padres quienes nos informen acerca del sexo, y no los maestros o la televisión”. Entonces, ¿cómo pueden abordar los padres este delicado tema?%
A menos que vivan aislados del resto del mundo, los niños de hoy empiezan a oír hablar de sexo cuando todavía son pequeños. Por si esto fuera poco, en estos “últimos días”, la gente malvada va “de mal en peor” (2 Timoteo 3:1, 13). Y como resultado, muchos niños son víctimas de los deseos pervertidos de algunos adultos sin escrúpulos.
De ahí la importancia de que los padres empiecen a educar a sus hijos cuanto antes. Renate, una madre alemana, advierte: “Si se espera a que sean casi adolescentes, nos arriesgamos a que las inhibiciones propias de esa etapa les impidan preguntarnos”. Entonces, ¿cuál es la solución? Ir dándoles información poco a poco.
Durante la infancia: Antes siquiera de ir a la escuela, deben aprender los nombres de los órganos sexuales y, sobre todo, que nadie puede tocarlos. “Empecé a hablarle del tema a mi hijo cuando tenía tres años —dice Julia, una mujer de México—. Me preocupaba lo que pudiera hacerle algún maestro, una niñera o un niño mayor. Tenía que aprender a defenderse.”
¿POR QUÉ NO INTENTAN ESTO? Los niños deben aprender a reaccionar con firmeza si alguien intenta tocar sus partes íntimas. Enséñenles a decir algo como: “¡No me toques! ¡Se lo voy a decir a mi mamá!”. Recálquenles que siempre deben contar lo que esa persona ha hecho, aunque les amenace o les prometa regalos para que no lo hagan.^
Cuando están en la escuela primaria: Aprovechen estos años para hablarles más del tema. Un padre llamado Peter aconseja: “Antes de decir nada, sondeen qué es lo que ya saben de sexo y si quieren saber más. No los obliguen a hablar. Pasen tiempo con sus hijos y verán que el tema surge naturalmente”.
¿POR QUÉ NO INTENTAN ESTO? Es mejor que tengan muchas conversaciones breves, y no una muy larga y abrumadora (Deuteronomio 6:6-9). Así podrán darles la información que necesitan de acuerdo con su grado de madurez.
En la adolescencia: Asegúrense de que sus hijos comprenden las cuestiones físicas, emocionales y morales implicadas. “En mi escuela, muchos tienen relaciones sexuales —cuenta Ana, la joven de 15 años citada antes—. Por muy incómodo que resulte hablar de sexo, tengo que conocer el tema para mantener mi postura cristiana.”**
Una advertencia: Existe la posibilidad de que el hijo no saque el tema por miedo a lo que sus padres piensen de él. “Nuestro hijo no quería hablar de sexo —explica un padre llamado Gerardo—. Con el tiempo supimos la razón: pensaba que sospechábamos de él. Enseguida le aclaramos que no creíamos que estuviera teniendo relaciones sexuales. Solo queríamos asegurarnos de que estaba preparado para contrarrestar presiones externas.”
¿POR QUÉ NO INTENTAN ESTO? En vez de preguntarles directamente a sus hijos qué opinan sobre una cuestión en particular, pregúntenles qué opinan sus compañeros de clase. Podrían decirles: “Mucha gente cree que el sexo oral en realidad no es sexo. ¿Piensan lo mismo tus compañeros?”. De este modo es más probable que les hablen con franqueza.
Para muchos padres habrá pocas cosas tan difíciles como hablar de sexo con sus hijos. Pero el esfuerzo vale la pena. Como explica Diana: “Con el tiempo, la incomodidad desaparece, y estas conversaciones te acercan más a tus hijos”. Gerardo, citado antes, piensa igual: “Si la familia se acostumbra a hablar con claridad de lo que sea, poco a poco se hace más fácil abordar temas delicados como el sexo”. Y luego añade: “Uno nunca se siente cómodo del todo, pero una comunicación franca contribuye al bienestar de la familia cristiana”.
A continuación se presentan los comentarios de algunos jóvenes de diferentes partes del mundo. Después de cada uno encontrarán una pregunta en la que pueden reflexionar.
¿Por qué no basta con que le den a su hijo revistas o libros sobre el tema?
¿Por qué podría ser que su hijo no se atreviera a hacerles ciertas preguntas sobre sexo?
Si su hijo les pregunta sobre sexo, ¿cómo deben reaccionar para que se sienta libre de seguir haciéndolo en el futuro?
¿Cómo pueden crear un clima de confianza para que su hijo se sienta cómodo al hablarles de sexo?
¿Qué tono de voz utilizan al hablar con sus hijos? ¿Convendría suavizarlo?
* Se han cambiado los nombres.
# Muchos jóvenes envían imágenes y mensajes eróticos o pornográficos a través del teléfono celular, práctica que en algunos lugares se conoce como sexting.
% Este artículo se centrará en la necesidad de conversar con los hijos sobre el tema. Un futuro artículo explicará cómo aprovechar estas conversaciones para enseñarles valores.
^ Basado en la página 171 del libro Aprendamos del Gran Maestro, editado por los testigos de Jehová.
** Les resultarán útiles para estas conversaciones los capítulos 1 a 5, 28, 29 y 33 del volumen 2 del libro Lo que los jóvenes preguntan. Respuestas prácticas, editado por los testigos de Jehová.